Ventajas de estar de vacaciones para un escritor

A todos nos gustan las vacaciones, sean cortas o largas, días sueltos o puentes (o acueductos, si hay suerte): visitas, compras, excursiones... En el fondo, lo que más nos gusta de las vacaciones es que no tenemos un horario fijo, sino que cada día es distinto, un descanso de la rutina, incluida la de escribir. Por mucho que nos lo propongamos, durante estas fiestas lo más probable es que no saquemos mucho tiempo para aporrear las teclas; sin embargo, eso no significa que tengamos que desesperarnos ni que renunciar a hacer alguna que otra actividad literaria. Ésto es precisamente lo que os traemos hoy:

Ocho ideas para mantener el contacto con la escritura estas vacaciones

Recolectar anécdotas e historias de familiares y amigos

En estas fiestas nos reunimos con nuestras familias y con compañeros de trabajo, amigos... Y hablamos. Mucho. En lugar de aguantar con cara de chupar limones las historietas de todos estos personajes, tratemos de escuchar con atención y anotar (lo más disimuladamente posible) todo lo que nos parezca gracioso o nos llame la atención. Abramos las orejas y dejemos entrar algo de realidad: puede sorprendernos y sernos útil cuando volvamos a escribir. También podemos apuntar cosas que pasen durante estas reuniones (la metedura de pata del suegro, los comentarios desafortunados, la cena quemada...), todo puede servirnos en el futuro, aunque parezcan nimiedades. Considerémoslo un pequeño período de Diógenes.

Escuchar a la gente por la calle y de compras

Salir a la calle o a los centros comerciales y observar a la gente, lo que busca y cómo se comporta, también puede ser muy divertido; además, en esta época se ven más niños con sus padres y seguro que podemos cazar más de una escena entrañable o graciosa.

Pasear por las tiendas y mercadillos

Aparte de observar a la gente, también podemos echar un vistazo a las tiendas, a los artículos. En estos días todas las tiendas están llenas, así que, por tímidos que seáis, podéis arriesgaros a entrar en tiendas en las que jamás se os hubiese ocurrido meteros. Observad lo que venden e imaginad a quién podríais regalárselo (o a quién no). Seguro que os surge más de una idea y puede que incluso solucionéis un regalo de última hora.

Anotar las cosas nuevas que hagamos y cómo las vivimos

Otra cosa que hacemos normalmente estos días es visitar sitios a los que no solemos ir: museos, ciudades, una cafetería especial, un restaurante... Todo es susceptible de anotarse. 

Hablar de nuestra actividad e implicar a la familia y a los amigos

También podemos aprovechar estas fechas benignas y de amabilidad general para hablar a la familia de nuestros nuevos proyectos literarios. Puede que se lo tomen a chufla o que hagan porras para ver cuánto nos duran las ganas, pero, incluso así, vale la pena, porque ya tendremos un motivo más para no desinflarnos a mitad de camino.

Escritura rápida

¿Os acordáis de todas esas cosas que hemos anotado? Podemos utilizarlas para soltar la mano y escribir escenas sueltas, pequeños relatos... Incluso podemos hacerlo en forma de diario. Cualquier rato suelto o de espera nos servirá para no perder muñeca.

Leer

Si no tenemos tranquilidad para escribir, sentémonos a leer un buen libro. También podemos aprovechar las visitas para tomar ideas para nuevas lecturas, intercambiar opiniones o, incluso, pedir prestados algunos libros.

Alejarnos un poco de los textos para volver con nuevos ojos

Fundamental. Las vacaciones son para descansar. Si nos lo planteamos así desde el principio evitaremos mucho estrés por no poder hacer las cosas que teníamos programadas. Relajémonos y, sin perder el contacto con las palabras, démosles un receso. Cuando las fiestas acaben y volvamos a la rutina, lo haremos despejados y con nuevos ojos.

¡Felices fiestas a todos!

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